En el post anterior di por sentadas dos cuestiones esenciales para poder explicar mi preocupación sobre la situación que escuchaba hacía ya tres semanas: a) El decreto del Jefe de Gobierno abre la posibilidad, revistiendo al Secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal de las facultades Ejecutivas necesarias, para ordenar a los miembros de la Policía que en zonas multitudinarias y principalmente en medios de transporte masivos (en las estaciones del metro) puedan revisar las pertenencias, de quien por actitudes sospechosas, activen el "sentido arácnido" de los miembros de esta devaluada corporación; y b) Los retenes, y demás medios de revisión inconstitucionales y plenamente violatorios de derechos fundamentales, son tolerados y practicados no sólo en el D.F, sino también por la autoridad Federal, y es más, son vistos como elemento escencial de la política de seguridad que se ha seguido ya hace un rato...
Entonces entendemos, que los retenes y las revisiones precautorias son y seguirán siendo (si no hacemos algo pronto) una práctica común y reiterada para encontrar lo que buscamos... o más bien lo que busca encontrar el gobierno. Si se me permite, pareciera que este tipo de medidas no son más que lo que ya platicamos, formas de recorrer kilómetros en un mismo lugar (como en Ferris Buller´s day off) empero, estás medidas no disminuyen en ningún caso el sentimiento de criminalización social, al contrario generan mayor desconfianza y sentimiento de opresión en los ciudadanos, y es poco lo que previenen.
Pero ¿por qué aceptamos que esto siga sucediendo?, ¿por qué consideramos como natural o normal, o peor aún, necesario que la autoridad viole derechos humanos?, tal vez por que no hay un ejercicio de mimetismo, y no nos proyectamos como posibles sujetos titulares de derechos violentados, tal vez creamos que no nos va a pasar... o por que ese ánimo por conseguir seguridad a como de lugar, y de terminar la violencia con más violencia, ya que pareciera que el actual Gobierno cree es el único medio real para lograrlo, comienza a cobrar carta de naturaleza, y la mediatización de medidas absolutistas han permitido que sean aceptadas, hasta por aquellos que se hacen llamar progresistas.
Como dice Oscar Wilde todos podemos ser Ernesto, y la importancia de llamarnos así es un sinsentido... nuestro nombre, profesión, nuestras ideas y nuestra vida pasan a un segundo plano cuando lo que se necesita es encontrar a quien la pague, sin que sea necesario saber si es quien la deba...
Me explico mejor, con medidas que no respeten los derechos humanos, que infrinjan a todas luces el libre tránsito, la presunción de inocencia -con la actitud que asume el cuerpo policial al momento de realizar éstas diligencia-, la violación a la intimidad, la desvalorización y la irrupción de la dignidad humana... cualquier persona puede ser a la vista de la autoridad un delincuente potencial... y créanme en ese momento todos seremos Ernesto....
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