Hace unos meses la Asamblea Legislativa discutía la afortunada reforma al Código Civil del D.F; las voces conservadoras y autoritarias (no quiero referirme al conservadurismo político, que si bien se ha colocado a través de la historia en el centro-derecha de la geografía política, lo cual no compagina con la postura de izquierda liberal que apoyo, sí debo hacer honor a la verdad y reconocer ciertos elementos que han sido adoptados por los posicionamientos de quienes han representado a este movimiento político, esencialmente elementos de derecho natural; sin que por ello deje de ser acérrimo opositor de las posturas neomalthusiana respecto de la pobreza, defendidas por este movimiento político) comenzaron a hacerse presentes intentando imponer sus condiciones morales. Los argumentos argüidos por los altos jerarcas católicos (pues hasta el máximo pontífice hizo los suyos), por los patriarcas (me refiero en plural puesto que tanto el Presidente del CEN del PAN como el Presidente de la República han sido los dos dirigentes nacionales del mismo partido, digo, por no decir que el primer ha cumplido lo que dicta el segundo) del partido de derecha (a veces ultra, a veces solo derecha, otras tantas sin ideología), así como por un gran grupo de la sociedad, que sin tener preferencia homosexual, se han opuesto a estas reformas y han emitido consignas claramente discriminatorias y denostantes contra quienes sí son miembros de la comunidad LGTB, que han impuesto el mote de antinaturales; decidieron comenzar un debate público, que lejos de aceptar otra propuesta, intentaba derrotar la aceptada democráticamente, con argumentos falaces: ya que intentaban fundamentar bajo principios morales, un elemento ético, sin tener en cuenta siquiera, que estaban incurriendo en la actualización de algo que se llama Falacia naturalista.
Luego de algunas semanas de que este tema jugara el papel principal de la agenda pública, el Procurador General de la República, presumiendo sus facultades constitucionales interpuso, ante la SCJN, acción de inconstitucionalidad contra estas reformas (cabe aclarar que sólo existen 7 sujetos facultados para interpone acción de inconstitucionalidad, entre ellos la PGR); donde se plasman los mismo argumentos que antes habían sido esgrimidos por el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, quien hace algunos -varios- meses atrás, había invitado a los jóvenes a unirse a Dios para no caer en la tentación de las drogas, y sí, lo hizo de forma pública, en un evento predominantemente católico y como Presidente de la República.
La acción de inconstitucionalidad, independientemente de las grandes fallas argumentativas, y de la pésima interpretación del artículo 4 de la Constitución, pretende esencialmente: que los ministros de la Corte resuelvan sobre el modelo de familia que ha su conciencia responde como el BUENO, el cual, se fundamenta en la idea del matrimonio heterosexual; este modelo es el mismo que propuso Calderón en otro momento, en el sentido que no sólo es antinatural, según su moral y su concepto de naturalidad, sino que aparte es inconstitucional.
Resumiendo: la PGR pretende que se declare inconstitucional, y por lo tanto quede sin efectos la reforma; considerando, según el Procurador y lo dicho por el Director Jurídico de la institución, que expresamente la Constitución establece que matrimonio es entre un hombre y una mujer; yo reto a quien lea esto y considere como ciertos los dichos del procurador, a que me muestre en que parte de la Constitución se expresa en cuanto tal, y si no, que me explique cómo es posible interpretarlo en ese sentido.
Pero bueno, la decisión está en las manos de los miembros de la Corte (y en las ideologías filosóficas y políticas en las que se adscriben cada uno de los ministros), espero que la decisión que emitan, tenga como fundamento, esencial, la protección universal de todos los derechos humanos, y que si bien considero imposible separar las decisiones judiciales de la moral, espero que los ministros tengan una estructura axiológica lo suficientemente fuerte, que permita construir argumentos coherentes como para resolver en el sentido que más se apegue a la dignidad como valor fundamental, y fundamento mismo de los derechos; y que sirva esa sentencia como un medio de reivindicación con quienes han sido históricamente excluidos.
De verdad tengo esperanzas de que la SCJN haga su trabajo, y que sea el medio para lograr la expansión de esa matriz llamada Derechos Fundamentales. Por lo pronto sabemos que la Corte ha desechado las controversias que propusieron algunos estados, entre ellos Morelos y Guanajuato, arguyendo que se verán obligados a reconocer plenamente válidos dichos matrimonios, lo cual representa un preámbulo, que describe la posición de la Corte frente este tema. Creo que será este caso el que nos demuestre con esta nueva Corte (después de la salida de los dos timones de decisión; de ideologías, que si bien desdibujadas, se erigían como polos opuestos) quien se posicionará como el nuevo progresista -yo no creo que sea Zaldívar, sino que será Cossío-.
Si bien este caso no es fácil, no es un caso difícil, por lo creo que habrá peligro de que se genere una ficción sobre la respuesta a ¿cuál ministro será el nuevo timón de decisión, que establezca los votos más progresistas, a los cuales los demás ministros se adhieran?.
Como decía , por más que pienso -y repienso-, en el conflicto que se produce a raíz del matrimonio homosexual, no encuentro que exista un conflicto de derechos, sino un conflicto entre morales, y sobre todo, un conflicto de prejuicios.
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